Historia 12

Recolectores de Frutos Silvestres

La experiencia de trabajo desarrollada por el TAC en diversos sectores de la Octava Región, motivó a una agencia extrangera a ofrecernos la posibilidad de realizar un proyecto en esa misma, el año 1988. Fue así como comenzamos a investigar la situación de los Recolectores a quienes habíamos conocido superficialmente durante los quince años de permanencia en la provincia de Chillán.

Como resultado obtuvimos una información muy interesante tanto, en relación a la actividad misma como al contexto que la rodea. Panchita Rodriguez nos contó que “La recolección la ha hecho históricamente el campesino y el indígena, es ancestral, dice. Siempre las mujeres y los hombres del campo hemos sacado de la naturaleza lo que requeríamos para subsistir, para mejorar nuestra dieta alimentaria, para dar forraje a nuestros animales, para construir la casa, para utilizarla en artesanía… Esa es la recolección de frutos que identifica a la gente por lo que hace, de lo que vive e incluso identifica las localidades y se expresa en fiestas locales”.

“Es un cuento antiguo, explica la Nenita , así “se paraba el hambre” en aquellos tiempos. No había nada para comer pero se recolectaban frutos silvestres, era una tarea dura pero había que hacerlo”.

Respecto a la situación de los recolectores conocimos el documento “La Actividad de Recolección de Frutos Silvestres en la Región del Bío Bío” y las cifras que este entrega nos estimularon para realizar un diagnóstico cualitativo que permitiera comprender mejor quiénes son estos Recolectores, dónde viven, cuáles son sus historias, sus condiciones de vida, cómo realizan su trabajo, dónde lo venden…

Después de reunir la información vimos la urgencia de realizar un trabajo sistemático con ellos y seleccionamos algunos grupos con el objeto de apoyar su organización, a fin de ayudarlos a transformar esa forma de subsistencia en un trabajo digno y bien remunerado.

Mes a mes nos hemos ido desplazando por montañas y valles que conducen a comunidades perdidas, donde nos esperan grupos de mujeres que nos acogen cariñosamente. Es así como nos hemos ido introduciendo en este mundo, hemos ido conociendo la variedad de productos que recolectan, los diversos actores que participan en él y las condiciones en que se procesan y comercializan estos frutos, tanto dentro como fuera del país.

El camino nos ha ido llevando a descubrir la complejidad de esta actividad que tiene su origen en la tradición de recolectar que se ha venido transmitiendo de generación en generación entre los campesinos y que hoy día resurge con nuevas características debido a la cesantía de que los empuja a recoger frutos silvestres para salir a venderlos e incluso procesarlos para obtener un mejor precio, por ejemplo haciendo harina de avellanas.

Pero esto no es todo pues también observamos que actualmente la recolección se inicia con el requerimiento del empresario – comprador de los frutos, quien desencadena un proceso que comienza con el trabajo de los recolectores, continúa con la actividad de los intermediarios que les compran los productos, (ambos se encuentran sin otra alternativa laboral) y luego se extiende a los que transportan estos productos, a los empresarios y obreros que los procesan y finalmente a aquellos que los embarcan para que lleguen a su destino final que la mayoría de las veces son las empresas trasnacionales.

Después de trabajar con distintos grupos de recolectores apoyando la consolidación de sus organizaciones y de establecer una coordinación e intercambio entre ellos, de ir abriendo una relación con diversas empresas agroindustriales buscando establecer una relación directa entre estas y los recolectores y después de conocer también a algunos intermediarios, concluimos que es necesario romper con la invisibilización que ha mantenido oculto el proceso de la recolección pues daña gravemente a los miles de recolectores que hacen de ésta su fuente de trabajo.

En este contexto hemos comenzado a tomar contacto con diversas instituciones pues consideramos indispensable conocer, al menos a nivel regional, el número exacto de campesinos que trabajan en la recolección y cuál es el porcentaje de la fuerza de trabajo que representan, de manera que ellos puedan lograr un reconocimiento por su trabajo, obtener los beneficios sociales que les corresponden y reivindicar derechos que hoy día no les son acordados.

La casi inexistencia de organizaciones de recolectores sólidas en nuestro país, nos ha llevadoa buscar la relación con otras organizaciones de recolectoras en diversos países latinoamericanos. Por eso estamos buscando a través de Anamuri la conexión otras redes en Bolivia, Perú, Ecuador y Venezuela, de ellos esperamos aprender de las formas de la organización, orientación y experiencias de recolectoras organizadas en otros lugares.

También consideramos que los recolectores necesitan un apoyo técnico que contribuya a profesionalizar su oficio, tanto desde el punto de vista de su eficacia como de la preservación de ese medio ambiente que les ofrece sus frutos. Para ello nos hemos propuesto establecer una coordinación con las instituciones que puedan colaborar en esta perspectiva (universidades, institutos, etc.)

Ademas estimamos necesario que los medios de comunicación den a conocer la recolección como oficio, la vida de los recolectores, el proceso que viven los frutos desde que emergen en la naturaleza hasta que se transforman en alimentos, medicamentos, productos cosméticos, dentro y fuera del país.

Por último quisiéramos invitarlos a descubrir este mundo misterioso de los recolectores que existe desde hace ya muchas generaciones, se mantiene vivo en el tiempo como tradición y hoy día toma nuevas formas, producto de la globalización. Creemos sin embargo que junto con conocer esta realidad es necesario comprometerse con ella, a fin de lograr que los recolectores sean reconocidos en su calidad de trabajadores y puedan recuperar la dignidad que les han hecho perder sus condiciones de vida, de trabajo y de comercialización.

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